Colombia

“Se nos presentó esta situación que no esperábamos y que a todos nos sorprendió. Sabemos de la importancia de lo que es James para el fútbol de nuestra Selección. Es el referente”, dijo el pequeño volante en estatura y edad: 1,68 metros y 25 años cumplidos en enero.

Con Quintero, el fútbol de esta selección es otro, distinto, a otro ritmo, con su propio compás. No es el vallenato ni la cumbia de otros tiempos y otros gustos. Su gol contra Japón, sus asistencias contra Polonia y Senegal y sus pases en esos tres partidos de la primera ronda pusieron a Colombia en el ‘número uno de las listas’ del grupo H y por eso ahora suena en todas partes, empezando por España, desde donde dicen que en el Real Madrid quieren oír su juego.
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“Nosotros nos hacemos matar por nuestra tierra. Todos los rivales son difíciles”, dijo luego de la clasificación al vencer a Senegal, al responder sobre el próximo rival. Es Inglaterra, que en contraposición es la cuna del más fino rock and roll. En este contexto, mencionar a los Beatles, a los Rolling Stones o a Queen, más que irresponsable, es insensato.

Hace cuatro años, en Brasil 2014, ‘Juanfer’ o ‘Quinterito’, que bien podrían ser sus nombres artísticos en la radio, fue llamado el ‘Mozart’ de la Selección por componer su primera sinfonía de gol mundialista apenas a los 21 años. Pero decirle así en este contexto reguetonero más que imprudente o atrevido es inculto.
José Pékerman, el técnico del equipo, contribuyó al estribillo de moda e improvisó una línea en pleno partido contra Polonia que se transmitió en vivo a todo el planeta. “¡Juan, Juan…! ¡Crac! ¡Crac! ¡Sos un crac!”, le gritó emocionado, le cantó eufórico. El elogió íntimo se convirtió en un hit, en un verdadero éxito de las redes que le dieron otro número uno de popularidad.

“Siempre he sido del fútbol bien jugado, del buen gusto. Cuando veo algo que me sorprende gratamente se lo manifiesto a mis jugadores”, dijo sonriente el DT.
Quintero juega como ha vivido, al beat del reguetón, al golpe de la cadera; con la misma pinta de su “hermanito de distinta madre”, un tal Juan Luis Londoño desconocido, la identidad secreta del famosísimo Maluma, con quien jugó en las inferiores del Envigado cuando tenía 10 años y vivía en la Comuna 13 de Medellín. Es su amigo del alma en español. Su parcerito pa’ las que sea en reguetón paisa.
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Con él publica selfis que se toman con sus gorras de viseras anchas y planas, sus pesadas cadenas y sus tatuajes; toda la pinta que el hip hop le dio al reguetón en Nueva York. Además, ’Juanfer’ ha participado en videoclips del género entre sensuales bailarinas de poca ropa y faldas cortas y tiene guardados algunos “temas bien buenos” que ha grabado. Ese es su bonus track.
Quizás por eso, los más viejos comentaristas de la tribu del fútbol, como abuelos cascarrabias, gritaron: “Ese muchacho se echó a perder por las malas amistades y las malas influencias”, cuando no consolidó su juego de golpes de balón al pie, ni sonó su fútbol en el Pescara de Italia ni el Porto portugués.